De: мigue

12 07 am

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1 comentario


7 de Diciembre

Son las 5.40 de la madrugada y sigo despierto. Y es en este momento cuando las palabras y las conexiones entre frases empiezan a cobrar sentido en mi cabeza. Con los ojos cerrados y la cabeza apoyada en la almohada. Puedo imaginarme que la mayoría de escritores  están así de zumbados por la falta de sueño. Porque es a la hora de dormir cuando por fin consigues pensar algo coherente. El resto del día lo pasamos. Remarcando el verbo pasar. Pasar que pase la vida, intentado pensar lo mínimo, mantenernos en stand by, no reflexionar demasiado. Sino seríamos unas plañideras, o ese tipo de subnormales que parlotean y parlotean sin parar en los bares como si fuesen puestos de coca. Los problemas del mundo no se solucionan en las tertulias de los cafés. Se solucionan en la más triste soledad, con insomnio y sabanas revueltas.

Todo esto para decir que he pensado en Polly. Lo sé, lo sé. Me lo niego a mi mismo porque es un recuerdo doloroso. Pero cuando no hay muchas emociones fuertes en tu vida, y las que hay son más bien anestésicos que excitantes, rememoras una y otra vez esos momentos que te marcan.

He estado pensando en aquella noche en Viena. (creo que lo de Viena ya lo he explicado antes) No recuerdo todos los detalles evidentemente, pero si tengo buena memoria en general. Aunque ya han pasado algunos meses, fue en abril o marzo. Lo que me es realmente indiferente, el tiempo se mide por sus propias escalas, un mes puede ser una eternidad, o 20 años puede ser un segundo. Algunos recuerdos, sobretodo los que tienes más presentes  cobran vida propia y tienen un tiempo propio.

Veo que atardecía sobre la ciudad mientras que llegaba en autobús. Fue un trayecto que se me hizo muy largo e incomodo, el autobús era viejo. Recuerdo como el sol muy bajo rodeaba las penumbras de la llanura castellana. Y recuerdo bajarme del autobús, y sentir esa excitación exagerada. Casi inconsciente e irresponsable con las propias defensas. Expuestísimos al dolor. Pero daba igual, henchía el pecho y deseaba caer en sus brazos. Deseaba que me liase el primer cigarrillo al verme. Con una carcajada tan viva, tan real.

Sé que estaba fumando un cigarrillo mientras me esperaba, se lo quité y empecé a fumarlo sin decir nada. Por aquella época Polly tenía el pelo más corto que la última vez que la ví, imagino que no se lo habrá cortado. Y aunque yo le animaba a que se lo dejase largo ahora me doy cuenta de que me gustaba su pelo corto, le daba mucha personalidad, que no es que no la tenga ahora, pero no sé.. le hacía hacía parecer débil y vulnerable (algo que yo siempre le he dicho de lo que se aprovechaba) y a la vez transmitía la necesidad de ser protegida. Sé que esto es algo muy machista, el hombre que protege a la niña indefensa. Me da igual. Su inocencia era dulce, mi abrazo sincero. No entraban en juego implicaciones morales ni sufragistas con pancartas. Supongo que eso me gustaba, pensar que podía contar conmigo por si venían las bestias a atraparla por la madrugada. O algo así.

El aire era cálido por la calle… no recuerdo el nombre… ¿Ordoño I? Sé que la calle principal de Viena tiene nombre de Rey visigodo o algo por el estilo. Repito; el aire era cálido y la brisilla acompañaba a soñar. De ese tipo de brisa que te acaricia y te envuelve.  Pasear por una ciudad que no conoces, con una mujer a la que quieres conocer, es como entrar un juego diseñado por un hippie puesto de LSD, casi transneptuniano.  Y sin embargo bonito. Podría describir muchos momentos que viví aquella noche, pero son las sensaciones las que te dejan huella. Son las sensaciones difíciles de describir, de percibir, incluso de sentir las que te bañan y te marcan. Pero no sé qué tipo de escritor seré sino puedo describir aquellas sensaciones. Puedo inventarme alguna excusa para pasar esto por alto, pero me imagino que todos tenemos un instante en nuestra vida, que recordamos y que no podemos decirle a nadie cómo lo viviste, de qué manera lo viviste. ¿Lo recuerdas? Allí estabas tú, en aquél momento. Y ahora puedes recordarlo y esbozar una sonrisa. Porque tú estabas allí. En aquél momento.

Y eso es todo lo que me queda de Polly; sensaciones que no puedo describir, recuerdos que no puedo contar. Palabras que no puedo decir.

..

Patrick Watson – Fireweed

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Un comentario el “”

  1. Si el insomnio sirvió para esto.. 🙂
    bonitas palabras


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